Estaba en FNAC de Callao tras la presentación de su último disco "La lengua popular". Apareció unos minutos por la escalera que conduce a la sala de los foros para saludar a un numeroso grupo de seguidores que se habían quedado con el CD en la mano, humeante, intacto y sin firmar. Sucede cuando un mito cuenta con un alto poder de convocatoria. Su representante se esforzaba por explicar, a puerta cerrada por el horario, que el número de firmas era excesivo y pedía comprensión. Pero no fueron disculpas suficientes para acallar los gritos de protesta de un público olvidado en el compás de espera. Nunca en mi vida había presenciado una situación tan acorde con el título del disco. Calamaro salió cual Flautista de Hamelin perseguido por la calle del Carmen rumbo a Pl. de Callao... y se lo llevó un taxi.